Lo que queda detràs de la escoba
Flacura oblonga que esperas en un rincón
las manos cuarteadas de tu poseedor.
Que barre,que limpia las noches cuajadas
de insomnios forzados por un patacón.
Que rumias la sórdida calle desvencijada.
Que lloras ya gastada y deshilachada
tu tiempo de acomodada.
Lo que esconden las palabras
Naci y crecí en un pueblo del Uruguay profundo al costado de las soledades y el silencio de los hombres.
Descubrí en ese entonces que la soledad de cada uno es intransferible e inconfundible y no se adapta a ningún molde preestablecido.Hay tantas soledades como hombres.A veces las soledades eran actitudes deseadas,conquistadas y paladeadas,otras sufridas.
Esos hombres debìan mantenerse en su sitio con dignidad,una vez que lo ha aceptado como tal.Esta seriedad ante la vida implica en ellos también una seriedad ante la muerte.
Esa soledad tiene la particularidad del silencio,en silencio trabajan,en silencio van enhebrando amistades,en silencio aman,en silencio sufren y de la misma manera pueden sentir hacia los animales como hacia las cosas o la naturaleza.
El silencio y la soledad los llevan a tener una visión solemne de las cosas que para ellos importan.
La conversación de mis tíos por ejemplo se reducía en ocasiones a un intercambio de cortas preguntas y monosílabos impuestos.
A ambos se le hacia cuesta arriba exteriorizar lo que pensaban,por apatía natural de Justino o por torpeza de Eusebio,además ninguno tenia muchos pensamientos que formular y si los tenían lo mantenían en secreto para no gastar saliva,decían.
Al cabo de mil horas decía Justino cruzado de piernas y como si comentase algún dialogo interrumpido:-….¡Si señor!....
Al cual Eusebio respondía en el mismo tono y haciendo el mismo movimiento:-¡Es verdad!...
Y eso era todo,luego volvían a descender al pozo oscuro de aquel mutismo.
Don Atahualpa orejano en su decir no las oculta.
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